Recordar a Balaguer no significa desconocer las controversias, críticas y sombras de su legado: la historia debe estudiarse completa
Cada 1.º de septiembre, la República Dominicana tiene una oportunidad para recordar a Joaquín Balaguer, nacido en esta fecha de 1906, y reflexionar sobre su influencia en la vida política, intelectual y la excepcional gestión de gobierno.
Por iniciativa mía, el Senado de la República declaró el 1.º de septiembre como «Día de regocijo nacional por ser el natalicio del doctor Joaquín Balaguer», mediante resolución aprobada en 2010.
Balaguer dejó una obra que trasciende los gobiernos que encabezó. Carreteras, puentes, presas, proyectos hidroeléctricos, el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, la Plaza de la Cultura y diversas iniciativas de protección ambiental forman parte de una etapa de profundas transformaciones nacionales.
Fue, además, un intelectual de vasta producción. Su obra abarcó la poesía, el ensayo, la historia, la literatura y la crítica, dejando títulos fundamentales para comprender la sociedad dominicana.
Pero recordar a Balaguer no significa desconocer las controversias, críticas y sombras de su trayectoria. La historia debe estudiarse completa, con sus luces y sus desaciertos.
Una experiencia personal, que se convirtió en anécdota con Joaquín Balaguer, me permitió conocer otra dimensión de su carácter. En 1994, cuando el doctor Joaquín Balaguer me nombró en el Banco Agrícola, el doctor Ney Arias Lora me aconsejó que le llevara al presidente mi libro de poemas En tiempos de caracoles, crítico de los 12 años.





