Al menos 169 personas murieron y más de 600 resultaron heridas en el terremoto que sacudió a Colombia, según un nuevo balance de la Asociación de alcaldes publicado este martes.

El papa expresa su dolor por el terremoto de Colombia y su gratitud a los socorristas

El papa León XIV dirige el rezo del Ángelus desde la ventana de su despacho con vistas a la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. (EFE/ FABIO FRUSTACI)

El papa León XIV expresó este martes su dolor por las víctimas y daños materiales que ha causado el terremoto en Colombia y mostró su gratitud a todos «a cuantos con generosa entrega, trabajan en las labores de búsqueda, socorro y asistencia a los damnificados».

El cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, envió en nombre del pontífice, un telegrama al arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal, Francisco Javier Múnera Correa,.

En ese mensaje asegura que León XIV está «vivamente apenado al conocer la dolorosa noticia del terremoto que ha afectado gravemente varias zonas de Colombia, causando víctimas y numerosos heridos, así como graves daños materiales, incluso a muchas iglesias».

El papa «ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y eleva al señor sus oraciones por la pronta recuperación de los afectados por esta tragedia», se lee en el mensaje.

Sentido pésame

Asimismo, pide que transmita el sentido pésame «a los familiares que, en esta hora de profundo dolor, lloran la pérdida de sus seres queridos» y de igual modo, «asegura su cercanía espiritual y manifiesta su gratitud a cuantos con generosa entrega, trabajan en las labores de búsqueda, socorro y asistencia a los damnificados».

El terremoto de magnitud 7.4 deja al menos 132 muertos y centenares de heridos y un número no contabilizado de desaparecidos, así como decenas de edificios colapsados y graves daños en hospitales, aeropuertos, servicios públicos y sistemas de transporte, principalmente en el centro y oeste del país.

Integrantes de organismos de socorro buscan personas desaparecidas en los escombros del edificio Torres del Limonar tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió la víspera la mayor parte de Colombia, este martes en Cali (Colombia). (EFE/ ERNESTO GUZMÁN)

Las primeras luces del día mostraron este martes con mayor claridad las heridas que dejó en Cali el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la víspera la mayor parte de Colombia y causó al menos 169 muertes, 85 de ellas en esta ciudad.

El terremoto ocurrió a las 07:34 hora local (12:34 GMT), con epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y 24 horas después la magnitud de la tragedia va en aumento a medida que las autoridades examinan edificaciones averiadas o completamente destruidas por la fuerza de la naturaleza.

El amanecer reveló techos desplomados, paredes partidas, viviendas inhabitables y calles en las que todavía se busca a quienes quedaron atrapados entre los escombros.

La noche y la madrugada en Cali, capital del departamento de Valle del Cauca, transcurrieron entre sirenas, luces de vehículos de emergencia y familias que prefirieron permanecer en las calles ante el temor de regresar a sus viviendas. 

La zozobra se instaló en una ciudad que permaneció despierta y pendiente de las réplicas y de las noticias de los suyos.

En espera de noticias

En Ciudad Capri, un barrio donde colapsó un conjunto de apartamentos, familiares permanecen cerca de los escombros a la espera de noticias. En la carrera 56, frente a la Plaza de Toros Cañaveralejo, la búsqueda se concentra entre edificaciones destruidas mientras personas preguntan por niños, abuelos y otros familiares que quedaron atrapados.

La emergencia golpeó sectores como Capri, La Alameda, Pampalinda, La Guadalupe, la Calle Quinta y Nueva Tequendama, además de zonas periféricas como Alto Nápoles, Los Chorros y Las Palmas, entre otros barrios.

En todas esas zonas el paisaje se repite: casas destruidas, paredes rasgadas por la fuerza del temblor, ventanas destrozadas, muebles sepultados y viviendas que ya no ofrecen condiciones para ser habitadas.

Miles de caleños pasaron la noche en albergues temporales instalados en la Plazoleta Jairo Varela, la Escuela Nacional del Deporte, la Cancha de Hockey y el Diamante de Béisbol.

Los equipos de rescate continúan trabajando contrarreloj. La Policía desplegó un componente especializado en búsqueda y rescate urbano, que se sumó a unidades de Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja y organismos locales.

«Estamos poniendo todas nuestras capacidades institucionales, humanas y técnicas, al servicio de los caleños para proteger la vida y apoyar la superación de esta emergencia», manifestó el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, brigadier general Herbert Benavidez.

La tragedia en los pueblos del Valle

En Dagua, municipio situado en la ruta que comunica a Cali con la ciudad portuaria de Buenaventura, la alcaldesa Karol Villarejo informó de cuatro fallecidos, 300 viviendas afectadas, 80 colapsadas y 28 derrumbes. El municipio permanece sin energía y con dificultades de comunicación.

«No tenemos energía, no tenemos señal de celular, la situación es crítica y en el hospital municipal nos ha tocado adecuar un parque aledaño para atender a las personas», expresó Villarejo.

En Roldanillo, más de 1,000 viviendas resultaron afectadas y dos personas murieron, entre ellas el concejal Juan Carlos García.

La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, informó de graves daños en varios municipios del norte del departamento, como El Cairo, El Águila y Argelia.

En El Cairo, según su información, cerca del 80 % de las casas del municipio colapsaron, mientras que los hospitales de El Águila y Argelia sufrieron daños que obligaron a montar otros de campaña.

En Buenaventura, principal puerto del país en el Pacífico, las autoridades preparaban el envío de medicamentos, carpas, alimentos y elementos de aseo para las comunidades afectadas.

Cali volvió a recibir la luz del día, pero no amaneció solamente entre ruinas, amaneció contando a sus muertos, buscando a sus desaparecidos y tratando de entender cómo reconstruir una vida que, en apenas unos minutos, quedó partida entre los escombros.