La reserva, administrada por la Fundación Grupo Puntacana, protege más de 1,500 acres de bosque tropical y ofrece una experiencia que combina naturaleza, historia y conservación

El paisaje cambia por completo a pocos minutos de la costa. Detrás de las playas y los hoteles que han convertido a Punta Cana en uno de los principales destinos turísticos del Caribe, un entramado de senderos se adentra en el bosque y conduce hasta aguas dulces y cristalinas.

Allí se encuentra la Reserva Ecológica Ojos Indígenas, un santuario natural de más de 1,500 acres que resguarda bosques tropicales, flora y fauna nativas y un sistema de 12 ojos de agua de origen natural, considerados sitios sagrados por los taínos.

El nombre de la reserva está vinculado precisamente a estas formaciones de agua dulce. Para los antiguos habitantes de la isla, estos cuerpos de agua, que emergen en medio del bosque, tenían un profundo significado cultural y espiritual. Hoy, varios conservan nombres de origen taíno, una conexión que mantiene presente la historia que antecede por siglos al desarrollo turístico de la zona.

El área fue donada por Grupo Puntacana a la Fundación Grupo Puntacana con el propósito de crear una reserva natural dedicada a la conservación, la investigación, la educación ambiental y el disfrute responsable de la naturaleza. Desde entonces, el espacio se ha convertido en uno de los principales escenarios de los programas ambientales desarrollados por la fundación.

Los senderos permiten recorrer el bosque y observar parte de la biodiversidad local. A lo largo del camino, el paisaje combina vegetación tropical, especies nativas y los distintos ojos de agua que dan nombre a la reserva.

De los 12 existentes, cuatro están habilitados para que los visitantes puedan nadar. Entre ellos se encuentran Inriri y Cacibajagua, dos de los puntos más conocidos del recorrido. Sus aguas dulces y transparentes, rodeadas de vegetación, ofrecen una experiencia distinta a la que habitualmente se asocia con Punta Cana.